Las curadurías, constantemente se plantean como propuestas innovadoras, ajenas a lo puramente curatorial. En este caso, la simpleza y el rescate por lo reestructurativo en relación a la historia, permite tres propuestas sobre el Arte en Chile, y en especifico, el trabajo sobre una colección.
Carlos Altamirano, Pintor de Domingo (1991). Fotografía Rodrigo S. Araya
I
La muestra en general, pretende reactivar la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, y por ende, las obras que pocas veces son utilizadas. El objetivo general es crear y gestionar nuevas relaciones bajo variados ejes temáticos, por ejemplo: Zárate utiliza obras que poseen relaciones explícitas –formales y/o conceptuales– sobre el cuerpo; Martínez hace hincapié en la relación de la imagen con el poder y; Madrid propone un recorrido a través del soporte y la idea de libro.
Como se puede observar, tal como dice el título de la muestra, la exposición nos presenta tres miradas sobre el Arte Chileno. Una, privilegia una lectura desde el soporte, otra desde la forma y, la última, desde un aspecto más conceptual.
1.- El poder de la Imagen / Juan Manuel Martínez
Martínez plantea como objetivo evidenciar a través de la imagen, la cultura visual de los periodos virreinal (siglo XVII y comienzo del XIX) y de los decenios de 1820 y 1830. En esta propuesta se centra la mirada en la relación de la imagen con el poder, es decir, demostrando que la producción de estas pinturas van más allá de la mera representación, sino que de las relaciones del Arte con la política y la sociedad.
Para ello, se divide la muestra en:
– La Imagen del poder
– Las imágenes de persuasión
– La Construcción de la imagen del territorio
– La formación de la imagen, la Academia
– La seducción del Salón
2.- Sala de lectura (RE)presentación del libro / Alberto Madrid.
Madrid plantea como metodología de investigación, la recolección de obras que tienen en su imagen la representación del soporte libro y de libros de artistas (materiales ilustrados, archivos, objeto, etc.)
Al igual que Martínez, Madrid nos propone una lectura guiada por cuatro capítulos:
– Acto de leer
– Modos de leer
– Desmaterialización del libro
– Mirar/leer
3.- Los cuerpos de la Historia / Patricio M. Zárate.
Zárate afirma que la invitación a trabajar con la colección del museo, es un hecho clave para intervenir la Historia del Arte en Chile, proponiendo nuevas lecturas e interpretaciones distintas. En este caso, el curador divide nuevamente en capítulos o sub-áreas su propuesta, centrándose netamente en el cuerpo y sus relaciones a momentos históricos.
– Cuerpo y violencia
– Cuerpo, archivo y documento
– Cuerpo, memoria y lugar
II
El recorrido de las tres curadurías se caracterizan por una predominancia e interés por el texto. En cada una de ellas, podemos ver las divisiones naturales que posee un artículo o texto literario, y que es la división por capítulos. En las tres curadurías se realiza estas divisiones, planteando una lectura histórica-cronológica en relación a la lectura (no al tiempo). Esto queda evidenciado por la constante aparición del recurso textual, entre el recorrido de las obras. A raíz de esto, podemos asegurar que los textos son elementos fundamentales y concatenantes en la lectura de la curaduría.
La posición de las obras se relacionan o complementan con sus obras contiguas o acompañantes y además con las obras frontales a ésta. Un ejemplo de ello, es la curaduría realizada por Zárate en relación al cuerpo, donde presenta dos obras (Leppe y Davila) que están unidas principalmente por su relación formal (pies y piernas hacia abajo en Leppe, y en Dávila, hacia arriba). Otro ejemplo es la unión de las obras de Ciccareli y Altamirano, las cuales evidencian la unión del Arte Contemporáneo con La Tradición o Academia.
La muestra propone una mirada diversa y alejada de lo monótono. Con obras colgadas de forma monumental (Brantmayer, Errázuriz, o Vílchez) y otras con montajes mucho más diversos y variados (Villareal, Altamirano, Soro)
La división de los espacios se encuentra muy bien utilizada y distribuida, en ella se diferencian por colores dependiendo del curador y la propuesta de estos.
III
Como punto en común, los tres curadores hacen hincapié en el ámbito historiográfico, y cómo la curaduría interviene en ellos, confeccionando o construyendo nuevas lecturas. Muchas veces se deja de lado la data de elaboración o el periodo de producción de los artistas, centrándose en la organización de las obras y en la planificación idónea del recorrido para una “correcta” lectura. Un ejemplo de ello es la incorporación del cuadro de Cicarelli entre Dávila y Altamirano, produciendo una relación directa con este último a raíz de que es utilizado como cita dentro de su cuadro.
Al igual que variadas muestras, se pretende realizar una nueva propuesta de lectura frente a un grupo de obras, siendo éstas utilizadas como recursos para evidenciar una línea discursiva o curatorial. A pesar de ello, en este caso, esta propuesta queda evidenciada desde el título de la muestra “3 miradas”, y constantemente en elementos que aparecen en el recorrido. Es decir, en ella podemos ver como aquella conciencia en torno a la subjetividad planteada en cada curatoría es develada desde su génesis, pretendiendo no reafirmar un relato tradicional, sino que más bien proponiendo una nueva mirada a la historia del Arte Chileno y, en particular, a la colección del Museo.