Si analizáramos la Obra de Arte a lo largo de la historia, podemos darnos cuenta que ésta cumple un papel sumamente necesario en la sociedad, ya que ha sido un factor importante en la interactividad entre individuos, generando una negociación, tanto de conocimiento como de nuevas o posibles formas de vida.
El soporte más utilizado en la creación de obras ha sido la pintura o escultura y, ha cumplido objetivos específicos dependiendo del periodo.
Con la llegada de la Modernidad toda forma de representación ha sido cuestionada, tanto el ¿Cómo?, y el ¿Qué representar?. Por ello, han surgido nuevos soportes o técnicas artísticas. Entre las cuales nos encontramos con la performance, el happening, las intervenciones e instalaciones. Todas estas posibilidades se alejan bastante de la Obra de Arte como objeto, sujeta a un intercambio como mercancía. Más bien se preocupa de un espacio/tiempo determinado que se vive en un “ahora”. Es así como la posibilidad de conocimiento entorno al tipo de obra antes mencionada se hace viable de dos formas; por medio de la presencia en primera persona donde dicho acto se realice, o simplemente por un registro de ello.
Si tuviéramos que decir cuales fueron realmente los cambios podríamos traer como referente a Walter Benjamin (1973) y hablar del aura de la Obra.
Según el proceso del artista, a medida que decide como se presentará la obra, éste innatamente le añade un aura especifica, la que posteriormente el espectador percibe. Por ejemplo; si se realiza un cuadro, en él podemos hallar un aura exhibitiva o cúltica, es decir, está hecha para ser exhibida y contemplada por sus espectadores, en cambio una obra que trabaje con la interactividad, está sujeta a una aura mas bien relacionada a la interacción del Sujeto-Obra. A raíz de esto, podemos afirmar que el gran cambio que existe entre la obra como un material o la obra como un suceso en un instante determinado, es específicamente en su aura. Entonces, en el segundo caso, el aura que se le suma, es una vivencial, donde como observador puedo vivir la experiencia de un acto especifico (performance o intervención).
Entorno a estos cambios podemos dar como ejemplo a dos artistas que trabajan con diferentes soportes. Por un lado, nos encontramos con Romina Rebolledo, artista chilena con estudios en la Universidad Politécnica de Valencia. En su obra desarrolla variados soportes por medio de los cuales reflexiona e interroga la naturaleza del espacio y los lugares que habitamos. Dentro de las acciones que ha realizado Romina vemos variadas excavaciones en distintos lugares de Europa, donde la acción se realiza sin una búsqueda especifica de un “algo”, ni tampoco como registro de ello (Crusing the Hole, 2000). Estas excavaciones se realizan principalmente como un ejercicio o experimento entorno al acto de excavar. Como podemos ver, la artista trabaja principalmente para si misma, donde intenta experimentar mediante un acto especifico, una vivencia. A medida que el acto comienza a tomar forma, el registro surge como un método de conservación o permanencia del acto, o incluso como el mero registro de tal hecho.
Entre los diferentes trabajos de Romina, nos encontramos también con el ejercicio del recorrer. A raíz de éste es posible toparnos con un recorrido personal que realiza por un lugar especifico, en un bus de turismo donde fotografía pequeños momentos (Valencia Turistic bus, 2009), que en su acontecer son descartados por el ojo turista. En este recorrido especifico, el material como resultado es la fotografía, pero asumiendo que no es una buena toma, sino que ésta funciona con la totalidad de ellas. Como se puede ver, Romina vuelve al material como objeto de arte, pero no lo intenta anular quitándole importancia y valor a la imagen y vivencia de la experiencia por si sola, sino que brindándole valor a la unidad de ellas, además deja en claro que el principal ejercicio es el recorrido que se realiza más que el resultado fotográfico. A raíz de esto, surge un nuevo trabajo entorno al mismo recorrido. El que se caracteriza principalmente, por la invitación de participar en él. Romina crea una convocatoria para que la acompañen a recorrer un cierto lugar de Santiago, en el cual ella –con sus acompañantes– recorren y hablan entorno a las vivencias que van surgiendo. Nuevamente, Romina rechaza la obra o el ejercicio de arte como un objeto material de intercambio. Ella nos propone una visión del arte que propugna una negociación vivencial entorno a un suceso determinado.
El segundo artista que utilizaremos como ejemplo de esta desmaterialización modernista del arte contemporáneo, es Pepe Miralles. Artista y docente español de la Universidad politécnica de Valencia, trabaja con variados soportes, a pesar de que los principales son la intervención e instalación. Dentro de las temáticas más recurrentes está la homosexualidad, la enfermedad del SIDA, el amor, la soledad, entre otros. Uno de sus últimos trabajos que nos sirve para observar esta desmaterialización, es (Avui Fas Festa, 2010), intervención realizada en un parque de España, cuya principal función fue el divertimiento sexual. A raíz de la carga de este lugar, Pepe nos lleva a una visión personal entorno al sitio, pero que a lo largo de la historia estuvo relacionada con la fiesta, el escándalo y la diversión. A raíz de esto, el artista adorna el sitio con una especie de cotillón, donde vemos que el lugar, mediante un simple elemento, se transforma en un espacio determinado para la diversión. Pepe nos entrega esta pequeña-gran pista de determinar y demarcar el lugar. Con esto, podemos ver como el artista no realiza este trabajo para ser expuesto en una galería, o con un fin “fotográfico”. Pepe realiza un intervención en el lugar con un público específico, el cual es asiduo visitante del lugar .
Otra intervención realizada en el mismo lugar (El poder de las palabras: Señalética rural, 2006) , consistía en pequeños letreros que decía “Usa condón y tendrás una vida mejor”. Como vemos, las acciones que realiza el artista, están sumamente enfocadas en un público especifico, donde se hace evidente una militancia y, además una necesidad de dialogar con tal espectador. El asunto principal por lo que podemos llamar Arte a estas acciones es por que intentan negociar con el espectador. Crean vínculos, e interactúan. Quizá no como obra objetual, pero si en un orden mucho más cercano y específico.
Esta desmaterialización del arte, tal como la nombra Felix Guattari está muy ligada al Arte Referencial, ya que éste es mucho más cercano a interactuar con el espectador, apela a un público más cerrado, pero con conexiones mucho más fuertes que las obras que intentan universalizar problemáticas donde las conexiones se vuelven más débiles por intentar abarcar un mayor rango que entienda cuyo trabajo –eliminando la identificación del observador con su realidad inmediata–.
Esta problemática –la desmaterialización- ha dejado de lado a la obra como un material de intercambio y a la vez, apela a otro tipo de transacción, la cual nos habla de un intercambio experiencial, donde el espectador experiencia un algo, un suceso determinado a instancias del artista.
Todas estas experimentaciones que el arte ha indagado, han sido gracias a problemáticas que se presentaron a principios de la modernidad. Principalmente por un cansancio y por las dudas extremas a ¿Qué representar? ¿Qué hacer dentro del arte y cómo hacerlo?. Estos cuestionamientos, fueron los que nos entregaron las primeras reflexiones para poder llegar a la desmaterialización del arte, junto a un Arte Referencial que invita al espectador a vivir con el artista y por lo tanto, llegar a experimentar juntos una posible “realidad”.